Cuando una persona ya no quiere vivir solamente de promesas y se da cuenta que es mejor marcharse con su dignidad, dejar atrás lo que ya no le hace vibrar, lo que ya no le aporta, lo que ya no le suma… lo hace por amor propio, por valorarse más como persona. No es una despedida con rencores, ni resentimientos, ni lágrimas. Es una forma de liberación de los apegos emocionales, de mantener la integridad y la determinación. Es una forma de despedirse en paz. Y de eso se trata: de un adiós sin mirar atrás. LaMusaDelAmor.